>El usuario como centro de la web

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La web crece a un ritmo desenfrenado y genera una gran cantidad de datos. Entonces, ¿cómo se puede encontrar en esta maraña la información que es realmente relevante para el usuario?
No a través de un gigantesco buscador que centralice la información. Tampoco a través de una red social que exponga la privacidad de sus usuarios, asegura Anne-Marie Kermarrec, directora de investigación del Instituto de Investigación en Informática y Automatización de Francia (INRA, por sus siglas en francés).
La idea de Kermarrec es cambiar radicalmente la forma en la que se navega la red, a fin de colocar en el centro de las búsquedas las afinidades y preferencias de los usuarios.

La investigadora -quien expuso sus ideas en el foro “La ciencia de la web: una nueva frontera” en la Royal Society, en Londres- cree que para que la gente pueda encontrar información útil, internet debe funcionar como una red p2p (punto a punto), esas donde los usuarios comparten fragmentos de archivos y que suele usarse para descargar música y películas, entre otras cosas.
“El contenido web es generado por millones de usuarios y la red se ha vuelto social. Pero hay una mina de oro de información y los buscadores no necesariamente saben cómo sacarle partido”, afirma la investigadora.
La web está tratando de hacer demasiado, añade, y está perdiendo su misión principal: encontrar información relevante.


Búsqueda restringida

Lo que Kermarrec propone es que la red sea capaz de comparar a una persona con un grupo de usuarios para ubicar sus similitudes de tal manera que la búsqueda se restrinja únicamente a lo que el usuario está buscando.
Así funcionan las redes p2p: alguien busca un archivo, el sistema identifica quienes lo tienen y entonces comienza a descargar pedazos de información de todos hasta que arma el rompecabezas total en el destino final.
El buscador -bajo esta lógica- se encargaría de encontrar la información sólo entre el grupo de personas afines a los intereses de quien solicitó los datos.

El usuario jamás se enteraría de dónde vinieron esos fragmentos de información. En la propuesta de Kermarrec esto ayudaría también a aliviar los temores por la privacidad pues no tendrían que revelar su información a nadie, a pesar de estar conectados a una red de personas con intereses similares.
Según la investigadora si se quiere lograr una red personalizada, ésta tiene que descentralizarse. De nada sirve, afirma, que la información se concentre en un sólo lugar.
Para ilustrar su teoría ejemplifica con el caso de una persona que, tras vivir en Inglaterra, decide regresar a Francia con su familia. Ese personaje quiere que sus hijos continúen estudiando inglés, así que hace una búsqueda en Google.

Los resultados le muestran una gran cantidad de información sobre personas que ofrecen clases de inglés para niños, pero no le muestran una nueva tendencia social: niñeras que además dan clases de inglés.
Estos resultados no aparecen porque no son relevantes para el buscador, aunque sí sean relevantes para quien los busca.
Pero en un mundo donde la web se está convirtiendo en una cancha de pocos jugadores, la radical apuesta de Kermarrec parece difícil de implementar.
“Esa es la parte difícil”, reconoce la investigadora quien, a pesar de ello, quiere que su proyecto sea una realidad.

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